sábado, 9 de octubre de 2010

Juan Gabriel Borkman, Ibsen


Probablemente, la obra que presenta Ibsen responda alguna de sus experiencias vitales, en algún punto de su temprana vida. La vida de los Borkman atraviesa una desdicha consumada cuando a Juan Gabriel, lo encarcelan por asuntos turbios relacionados con el “manejo de dinero” de manera fraudulenta. El dinero de los inversores desaparece cuando el Sr. Borkman ostenta la dirección de un importante banco. El tiempo de la acción tiene lugar años después de este hecho, cuando la liberación de Juan Gabriel había sido efectiva hacía ocho años.
Este argumento es la excusa para que el verdadero fondo de la obra se eleve por encima de cuestiones mundanas. El amor verdadero, el filial y el carnal toman especial protagonismo a lo largo de la obra de Ibsen. Tanto la señora Borkman como su hermana gemela, Elia, mantendrán una pugna vital por recuperar a quien tanto han amado, al joven Borkman, hijo de Juan Gabriel. La elección de un amor marca la trayectoria que uno ha de seguir en la vida, y eso mismo le ocurre a nuestro protagonista: casado con Gunhil y enamorado de su hermana gemela, Elia. Por lo tanto se percibe cierto grado de frustración sentimental a lo largo de los cuatro actos.
Juan Gabriel fue a la sazón un gran hombre, poderoso y saludable. Envidiado e idolatrado. Sacrificó amor por éxito, ciertamente incompatible con la felicidad. El frío provoca la muerte del protagonista, cuando en el último acto sale a pasear con Elia. Es un frío que llevaba sintiendo en su interior desde hacía más de ocho años, un frío penetrante y angustioso, que nada tiene que ver los Fahrenheit

No hay comentarios:

Publicar un comentario